Los técnicos vietnamitas vuelven para poner orden en los arrozales de La Sierpe
Se enfrentan a los mismos problemas que provocaron su salida en 2022: la burocracia y la escasez de combustible
Sancti Spíritus/"¡Hay que contratar a alguien para arrancar esas hierbas!", sentencia en tono firme el joven traductor parado a la orilla del camino y frente a un extenso campo de cultivo. El hombre acompaña a uno de los técnicos vietnamitas que ha regresado a La Sierpe, en la provincia de Sancti Spíritus, luego de la interrupción en 2022 del programa con el que el país asiático asesora a Cuba en la producción de arroz.
"Están de vuelta pero ya no con la presencia de antes, ahora son unos pocos y se están quedando en una casa de visita, que ellos llaman Centro de Capacitación pero que tiene muy malas condiciones", detalla a 14ymedio Maikel, un arrocero privado vinculado a la Empresa Agroindustrial de Granos Sur del Jíbaro. "Son gente quisquillosa y a veces no entienden que aquí los ritmos de trabajo son más lentos y muy inestables".
Acompañado por su traductor, el técnico vietnamita explora visualmente un campo ya sembrado donde las posturas han estado creciendo en las últimas semanas. Sin embargo, el rostro del hombre no transmite satisfacción. Con el índice señala una zona en que las plantas de arroz se mezclan con las malas hierbas que rivalizan por los nutrientes y el agua. El hombre lanza una andanada de palabras enérgicas en su idioma.
"Esto no puede ser, hay que limpiar esto", traduce parcamente el joven que lo acompaña, también vietnamita. Ambos siguen el recorrido por el borde del campo de cultivo y la cara del técnico asiático se va tornando más seria en la medida en que descubre amplias zonas del terreno plagadas de maleza y con escaso riego. "Hay que poner más agua, así no va a crecer lo suficiente", advierte el traductor después de otra parrafada del asesor en tono molesto.
El técnico extranjero tiene más que motivos para el enojo. La producción arrocera en la Isla va en picada. En 2024, solo alcanzó alrededor de un 30% de lo que se logró en 2018, cuando se cosecharon 304.000 toneladas. En los últimos años, los mercados estatales y privados se han llenado de paquetes importados desde países cercanos como Panamá y México o, incluso, de España e Italia. La ración diaria, que apuntala la nutrición en los hogares, se ha recortado hasta el punto de desaparecer por varios días al mes en muchas casas.
Cerca de la zona donde el vietrnamita lanza ahora sus arengas, estuvo en octubre pasado el gobernante cubano Miguel Díaz-Canel. En aquella ocasión, el primer secretario del Partido Comunista llamó a "despojarse de la inercia y retomar la eficiencia productiva, con métodos de liderazgo, aplicación de la ciencia y mucha voluntad", pero casi medio año después la zona no logra recuperar los niveles productivos que se alcanzaron cuando el proyecto de colaboración con Vietnam estuvo en su apogeo.
El acuerdo entre ambas naciones entró en vigor en 2002 y, además de proveer de equipamiento y maquinaria a los productores cubanos, durante 20 años mantuvo a decenas de especialistas y técnicos vietnamitas en Cuba. La zona de La Sierpe fue la apuesta principal de esta colaboración y en su llanura se construyeron diques, limpiaron canales y se capacitó a especialistas locales.
Recientemente, los medios estatales se hicieron eco de la noticia de que una empresa vietnamita se había convertido en la primera entidad extranjera en recibir tierras en Cuba –en principio, 308 hectáreas– para sembrar arroz en una granja al sur de la provincia de Pinar del Río, una experiencia inédita en el país desde 1959. Sin embargo, el proyecto espirituano se diferencia bastante de la iniciativa que se lleva a cabo en el territorio pinareño.
"Aquí la propiedad de la tierra sigue siendo fundamentalmente de los campesinos particulares, también hay terrenos dados en usufructo a otros productores locales y algunas áreas de gestión estatal", detalla Maikel. "Los vietnamitas ponen el asesoramiento, apoyan en la llegada de maquinarias y luego le compran la cosecha a los arroceros, para finalmente donar ese producto al Estado y que éste lo venda en las bodegas del racionamiento", explica.
Los números, además, están en rojo en cuanto a la productividad en La Sierpe. En las últimas cosechas, en la región no se logró superar siquiera las tres toneladas de grano por hectárea cuando en 2015 se alcanzaron cerca de cinco. Los productores señalan, como causas de este descalabro, a los problemas con el agua, el déficit en el llamado "paquete tecnológico", que incluye desde maquinaria hasta fertilizantes o herbicidas, y la escasez de combustible.
La sequía está teniendo un impacto muy negativo en un cultivo que necesita, la mayor parte del tiempo, de una buena irrigación de sus campos. "Aquí el agua llega por gravedad, no se bombea hasta aquí, de manera que si la presa está muy por debajo de su capacidad lo que llega es un poquito", comenta Maikel. Las presiones sobre los productores para que no vendan el arroz por su cuenta también lastran la productividad.
"Hace unos días nos reunieron a todos, hasta la policía llegó para vigilar el encuentro", cuenta otro campesino de la región que prefiere el anonimato. "Nos advirtieron de que habrá castigos severos para los que cojan sacando el arroz para los mercados particulares y no lo vendan al Estado, a través de los vietnamitas". Al encuentro, asistieron funcionarios locales que definieron al sector como "un renglón estratégico monitoreado directamente por el presidente".
Los productores que asistieron a la reunión no se ahorraron quejas. "Nos vinieron a cuestionar que tenemos carros buenos y que eso significa que estamos bien económicamente por todo el arroz que hemos vendido por la izquierda", cuenta el guajiro. "La próxima vez voy a ir en una camioneta viejísima que tengo, a ver qué me dicen". En sus campos, el arrocero tiene al menos un par de tractores y una cosechadora paradas "a ver si aparece el petróleo antes de que empecemos la recogida".
Sin dudas, es el combustible el principal dolor de cabeza que tienen los productores actualmente y una de las causas que hicieron a los vietnamitas dar el portazo hace tres años. "Los técnicos vietnamitas exigieron una cuota de combustible para mantenerse trabajando, asesorando y conectados directamente con lo que pasaba en los campos", contó entonces a 14ymedio Diosdado. "Pero casi nunca llegaba la cantidad que ellos necesitaban, hasta que les dijeron que tenían que ocuparse de autoabastecerse y que debían comprarlo en el extranjero y traerlo".
Después de un tenso pulso con las autoridades, la parte vietnamita no renovó el contrato cuando tocaba hacerlo, como en años anteriores, y los técnicos se fueron tras dos décadas en el terreno. Hicieron falta varios años para convencerlos de retornar y el nuevo aterrizaje parece más apocado y los técnicos se muestran más enérgicos e inflexibles con las dificultades y la burocracia.
Hicieron falta varios años para convencerlos de retornar y el nuevo aterrizaje parece más apocado
“Les quedan muchos buches amargos por delante”, avizora una empleada del área administrativa de la Empresa Agroindustrial. Ahora, la sombra de la falta de petróleo, indispensable para la cosecha y el traslado del cereal, planea otra vez sobre La Sierpe. "Los productores están temiendo lo peor porque a estas alturas no están garantizados los suministros para la recogida", cuenta a este diario.
"Aquí hay casos de campesinos que han vendido casas para tener el dinero que cubra esta cosecha, pero si no reciben el combustible a tiempo pueden perder todo lo invertido", añade la trabajadora estatal. "Desde La Habana nos dicen que sí, que vamos a tener eso cubierto pero ya pronto hay que empezar a recoger y no se ve el combustible por ningún lado", lamenta. La llamada campaña de frío, que incluye la siembra del grano entre noviembre y febrero, tiene su momento de recogida en los meses de verano.
"Es un acoso constante", sentencia Maikel. "Somos guajiros pero no bobos, aquí todo el mundo sabe que por fuera el arroz está casi en 300 pesos la libra", explica y compara el número con los entre 60 y 80 que reciben por el camino oficial, según la calidad del grano. "La vida está muy cara y para donde quiera que te vires son miles y miles de pesos que hay que gastar". El productor se queja de que deben adquirir muchos otros productos para el consumo familiar que "o son en dólares o están bastante caros en pesos, lo mismo la carne que el aceite".
Si los caminos de La Sierpe son, como lo indica su nombre, zigzagueantes en medio de los arrozales, las dificultades que enfrentan los productores de la zona también parecen torcerse y complicarse cada vez más. "Cuando esto se va a poner malo es cuando toque la cosecha", vaticina el campesino. "Ahí sí vamos a ver al vietnamita gritar y al traductor decir hasta alguna mala palabra bien cubana”.